El
queso es un alimento sólido
elaborado a partir de la leche cuajada de
vaca, cabra, oveja, búfala, camella
u otros mamíferos rumiantes. Es la
conserva ideal pues muy difícilmente
se estropea con el transcurso del tiempo
ya que al secarse mejoran sus cualidades
en relación al peso. La leche es
inducida a cuajarse usando una combinación
de cuajo (o algún sustituto) y acidificación.
Las bacterias se encargan de acidificar
la leche, jugando también un papel
importante en la definición de la
textura y el sabor de la mayoría
de los quesos. Algunos también contienen
mohos, tanto en la superficie exterior
como en el interior.
Para los antiguos griegos "el queso
era un regalo de los dioses".[1] Hay
centenares de variedades de queso. Sus diferentes
estilos y sabores son el resultado del uso
de distintas especies de bacterias y mohos,
diferentes niveles de nata en la leche,
variaciones en el tiempo de curación,
diferentes tratamientos en su proceso y
diferentes razas de vacas, cabras o el mamífero
cuya leche se use. Otros factores incluyen
la dieta del ganado y la adición
de agentes saborizantes tales como hierbas,
especias o ahumado. Que la leche esté o
no pasteurizada también puede afectar
al sabor.
Para algunos quesos se cuaja la leche añadiéndole ácidos
tales como vinagre o jugo de limón.Sin
embargo, la mayoría se acidifican
en grado menor gracias a las bacterias que
se le añaden, que transforman los
azúcares de la leche en ácido
láctico, a lo que sigue la adición
de cuajo para completar el proceso de cuajado.
El cuajo es una enzima tradicionalmente
obtenida del estómago del ganado
lactante, pero actualmente también
se producen sustitutos microbiológicos
en laboratorio. También se han extraído «cuajos
vegetales» de varias especies de
la familia de cardos Cynara.
La palabra queso deriva del latín
caseus. Sin embargo en la época romana
se hizo famoso el término formaticum
entre los legionarios, de caseus formatus,
que significa queso moldeado. Así se
tiene que en francés se diga fromage,
en italiano formaggio o en catalán
formatge.
Orígenes
Queso cottage. Posible aspecto de los primeros
quesos. Los
orígenes de la elaboración
del queso están en discusión
y no se pueden datar con exactitud, aunque
se estima que se encuentran entre el año
8000 a. C. (cuando se domestica la oveja)
y el 3000 a. C.
Existe una leyenda que dice que fue descubierto
por un mercader árabe que, mientras
realizaba un largo viaje por el desierto,
puso leche en un recipiente fabricado a
partir del estómago de un cordero.
Cuando fue a consumirla vio que estaba coagulada
y fermentada (debido al cuajo del estómago
del cordero y a la alta temperatura del
desierto). Hay otros autores que señalan
que el queso ya se conocía en la
prehistoria, extremo que no se ha podido
comprobar.
Leyendas aparte, probablemente surgió como
una manera de conservar la leche, aplicándole
sal y presión, antes de usar un fermento
por primera vez, quizás al comprobar
que los quesos hechos en estómagos
de animales tenían una mejor y más
sólida textura. Las pruebas arqueológicas
más antiguas de la manufactura del
queso se han encontrado en murales de tumbas
del Antiguo Egipto, datadas sobre el 2300
a. C. Estos primeros quesos probablemente
tendrían un fuerte sabor y estarían
intensamente salados, con una textura similar
a los quesos feta o requesón.
Las ovejas fueron domesticadas hace 12.000
años y en antiguo Egipto se cuidaban
vacas y se les ordeñaban para tener
la leche por lo que es lógico pensar
que también harían quesos.
La leche se conservaba en recipientes de
piel, cerámica porosa o madera, pero
como era difícil mantenerlos limpios,
la leche fermentaba con rapidez. El siguiente
paso fue el de extraer el suero de la cuajada
para elaborar algún tipo de queso
fresco, sin cuajo, de sabor fuerte y ácido.[2]
Desde Oriente Medio, las habilidades en
la manufactura del queso se introdujeron
en Europa, donde climas más fríos
hacían necesario menos cantidades
de sal para la conserva. Con la reducción
de sales y ácidos, el queso se convirtió en
un ambiente propicio para bacterias y mohos,
encargados de darle su sabor característico. Época clásica
La mitología de la Antigua Grecia
atribuía a Aristeo el descubrimiento
del queso. En La Odisea de Homero (siglo
VIII a. C.) se describe a un Cíclope
haciendo y almacenando quesos de oveja
y cabra.
En los tiempos de la Antigua Roma era un
alimento que se consumía a diario,
y su proceso de fabricación no distaba
demasiado a como se hace actualmente fuera
del ámbito industrial. En el Re Rustica
de Columela (cerca del 65 d. C.) se detalla
la fabricación de quesos con procesos
que comprenden la coagulación con
fermentos, presurización del cuajo,
salado y curado. La Naturalis Historia de
Plinio el Viejo (77 d. C.) dedica un capítulo
(XI, 97) a describir la diversidad de quesos
consumidos por los romanos del Imperio.
Sostenía que los mejores eran los
galos procedentes de Nimes, aunque no se
podían conservar demasiado tiempo
y debían consumirse frescos. Los
quesos de los Alpes y Apeninos tenían
una variedad tan considerable como hoy en
día. De los extranjeros, Plinio prefería
los de Bitinia, en la actual Turquía.
El legado de Roma en Europa
Queso parmesano, elaborado tradicionalmente
desde la Edad Media. Roma
extendió sus técnicas
en la manufactura del queso por gran parte
de Europa, introduciéndolas en regiones
sin conocimiento de ellas hasta el momento.
Con el declive de Roma y el colapso en el
comercio de grandes distancias, la diversidad
del queso en Europa aumentó sensiblemente,
con distintas regiones desarrollando sus
propias tradiciones distintivas. Francia
e Italia son los países con una mayor
gama de tipos de queso distintivos actualmente,
con unos 400 tipos aproximadamente cada
uno. Muestra de ello es el proverbio francés
que sostiene que hay un queso francés
diferente para cada día del año,
como también la cita del presidente
francés Charles de Gaulle "¿Cómo
es posible gobernar un país en el
que hay 246 clases de queso?".[3]
A pesar de todo, los avances en la artesanía
del queso en Europa progresaron lentamente
en los siglos posteriores a la caída
de Roma. Muchos de los que conocemos actualmente
aparecieron como tales en la Baja Edad Media
o después. Se conserva un documento
del año 959 escrito en el monasterio
de Santo Domingo de Silos, en la provincia
castellana de Burgos, consistente en una
relación de los quesos dispensados
por el monasterio de Rozuela (La noticia
de kesos), y que supone la primera manifestación
conocida de la lengua romance castellana
derivada del latín.[4] Quesos actuales
como el cheddar datan del año 1500,
el parmesano en 1597, el gouda en 1697
y el camembert en 1791, por poner algunos
ejemplos.[5]
Tiempos modernos
Queso procesado en un supermercado actual.
A pesar de estar ligado a la cultura moderna
europea, el queso era prácticamente
desconocido en las culturas orientales,
no había sido inventado en la América
precolombina, y tenía un uso bastante
limitado en África, siendo popular
y estando desarrollado sólo en Europa
y en las áreas fuertemente influenciadas
por su cultura. Pero con la extensión,
primero del imperialismo europeo, y después
de la cultura euroamericana, poco a poco
el queso se ha dado a conocer y se ha hecho
popular en todo el mundo.
La primera fábrica para la producción
industrial del queso se abrió en
Suiza en 1815, pero fue en los Estados Unidos
donde la producción a gran escala
empezó a tener realmente éxito.
Se considera responsable de ello frecuentemente
a Jesse Williams, propietario de una granja
lechera de Rome, Nueva York, y que en 1851
empezó a fabricar queso en una cadena
de montaje con la leche de las granjas cercanas.
Durante décadas, fueron comunes
este tipo de asociaciones entre granjas.
Los años 1860 mostraron las posibilidades
de la producción de queso, y sobre
el cambio de siglo la ciencia comenzó a
producir microbios puros. Antes de esto,
las bacterias se obtenían del medio
ambiente o reciclando otras ya usadas. El
uso de microbios puros significó una
producción mucho más estandarizada.
Se empezaron a producir lo que se denomina
queso procesado.
La producción industrial de queso
adelantó a la tradicional en la Segunda
Guerra Mundial, y las fábricas se
convirtieron en la fuente de la mayoría
de quesos en América y Europa desde
entonces.
Producción y consumo en
el mundo
El queso es uno de los principales productos
agrícolas del mundo. Según
la Organización para la Alimentación
y la Agricultura (FAO) de las Naciones Unidas,
en 2004 se produjeron en el mundo más
de 18 millones de toneladas. Esta cantidad
es superior a la producción anual
de granos de café, hojas de té,
granos de cacao y tabaco juntos. El mayor
productor de queso es Estados Unidos, que
asume un 30 por ciento de la producción
mundial, seguido de Alemania y Francia.
En cuanto a las exportaciones, el país
con mayor valor monetario de ellas es Francia,
seguido de Alemania, que es el mayor en
cuanto a cantidad. De los diez mayores países
exportadores, sólo Irlanda, Nueva
Zelanda, Países Bajos y Australia
tienen un mercado mayoritariamente oriental,
con un 95, 90, 72 y 65 por ciento de sus
producciones exportadas, respectivamente.[6]
A pesar de ser Francia el mayor exportador,
tan solo un 30 por cien de producción
es exportada. Y la de los Estados Unidos,
el mayor productor, es prácticamente
despreciable, ya que la mayor parte de su
producción es para el mercado doméstico.
Los países que más queso
importan son Alemania, Reino Unido e Italia,
por este orden.[7]
En el consumo por persona, Grecia se encuentra
en el primer puesto del ranking mundial,
con 27,3 kg de media consumidos por habitante
(el queso feta suma tres cuartos del consumo
total). Francia es el segundo consumidor
mundial, con unos 24 kg por persona, y
los quesos emmental y camembert son sus
quesos más comunes. En tercera posición
se encuentra Italia, con 22,9 kg por persona.
En los Estados Unidos el consumo se está incrementando
rápidamente, habiéndose triplicado
prácticamente entre 1970 y 2003.
El consumo por habitante alcanzó en
2003 los 14,1 kg, siendo la mozzarella (ingrediente
básico de la pizza) el queso favorito
de los estadounidenses, con un tercio del
total consumido.
Mercado de queso gouda, en los Países
Bajos.
Productores mundiales en 2004[8]
(miles de toneladas) |
Países
exportadores en 2004[9]
(valor en dólares USD) |
Mayores
consumidores en 2007[10]
(kg por habitante) |
Estados
Unidos
|
4.327 |
Francia
|
2.715.142 |
Grecia
|
37,4 |
Alemania
|
1.929 |
Alemania
|
2.424.575 |
Francia
|
23,6 |
Francia
|
1.827 |
Países
Bajos
|
2.099.737 |
Malta
|
22,5 |
Italia
|
1.102 |
Italia
|
1.384.755 |
Alemania
|
20,6 |
Países
Bajos
|
672 |
Dinamarca
|
1.123.706 |
Austria
|
18,0 |
Polonia
|
535 |
Australia
|
643.575 |
Chipre
|
16,6 |
Brasil
|
470 |
Nueva
Zelanda
|
631.963 |
Estados
Unidos
|
14,9 |
Egipto
|
450 |
Bélgica
|
568.794 |
Argentina
|
11,1 |
Argentina
|
398[11] |
Irlanda
|
445.492 |
Australia
|
10,4 |
Australia
|
373 |
Reino
Unido
|
374.957 |
Reino
Unido
|
10,1 |
Aspectos culturales
El queso no tiene una presencia significativa
en la cocina asiática, ni como alimento
diario, ni como ingrediente en otros platos.
La razón ha sido estudiada por la
antropología cultural, y es de las
pocas a las que Marvin Harris reconoce
tener causa genética (el predominio
genético de la intolerancia a la
lactosa en la población adulta,
que en cambio es escaso en la población
indoeuropea), aunque no renuncia a encontrarle
a su vez una causa ecosocial:
China nunca aceptó los productos
lácteos. Los chinos consideran que
la leche es una secreción repugnante
y que beberse un vaso es como beber un vaso
de saliva. Cerca del 90% de los chinos y
de los pueblos no ganaderos habitantes del
Asia oriental carecen de lactasa suficiente
para digerir leche sin fermentar en la edad
adulta. Pero obsérvese que la respuesta
a la pregunta de por qué los chinos
aborrecen la leche no puede ser simplemente
que es porque les pone enfermos. Si hubiesen
adoptado la producción de leche como
una modalidad de producción de alimentos,
los chinos, al igual que los habitantes
del Asia meridional, podrían haber
superado con facilidad su insuficiencia
de lactosa, consumiendo fermentados... La
respuesta está relacionada con la
diferencia entre las limitaciones y las
oportunidades ecológicas de los hábitats
chino e indio, y debe darse en términos
de selección cultural, y no de selección
natural... China, para conseguir los animales
de tracción que necesitaba, dependía
del comercio con los pastores del interior
de Asia. Por esta razón los agricultores
chinos no tenían motivos para criar
vacas en sus pueblos. Si no hay vacas, no
puede haber leche ni cocina basada en ella...
En China los cerdos ocupan el principal
nicho carroñero... la carne y el
tocino de cerdo son a la cocina china lo
que la leche y la mantequilla a la india.[12]
A pesar de ello, en China actualmente el
consumo está aumentando notablemente,
con el doble de ventas en 2006 a las de
1996 (aunque todavía con cantidades
pequeñas de treinta millones de dólares
USD al año[13] ). Un alimento tradicional
chino es el tōfu, cuya fabricación
y textura son muy parecidas a la del queso,
pues consiste en la coagulación de
la leche de soja (a base de soja y agua).
El tōfu es comúnmente llamado "queso
chino". En otras partes de Asia se
puede encontrar fabricado con leche de yak,
o incluso de yegua en las estepas siberianas,
en el ema datsi, el plato típico
de Bután, a base de queso casero
y chile (ajíes); o en la India, donde
se usa una variedad llamada paneer para
acompañar al curry.
Los seguidores más estrictos de las
leyes dietéticas del judaísmo
e islamismo sólo pueden consumir
quesos cuyo cuajo provenga de un animal
matado de acuerdo a lo especificado en el
halal musulmán, o también
puede sustituirse por un cuajo de origen
vegetal (en el cashrut judío), .
Muchos judíos menos estrictos consideran
que el proceso al que se somete el cuajo
cambia su naturaleza hasta tal punto que
no puede violar las leyes del cashrut. De
todos modos, al estar considerado como un
alimento primario, nunca puede ser consumido
por un judío combinado con carne.
Muchos vegetarianos evitan también
el consumo de quesos fabricados a partir
de un cuajo de origen animal. Por esta razón
existe una amplia variedad de quesos fabricados
con un cuajo obtenido de la fermentación
del hongo mucor miehei. Los veganos y otros
vegetarianos no consumen queso real, aunque
sí existen sustitutos con ingredientes únicamente
de origen vegetal, normalmente elaborados
con productos a base de soja.
Incluso en culturas con una larga tradición
en quesos, es fácil encontrar a personas
que lo rechazan, especialmente aquellos
con un sabor y olor más fuerte, como
el roquefort. El escritor Harold McGee,
especialista en química alimentaria,
sostiene que el queso adquiere tal sabor
como parte de una descomposición
controlada, y que algunas de las moléculas
causantes de su olor y sabor pueden aparecer
también en la comida podrida.
Tipos de queso
Categoría principal: Quesos
La gran gama de quesos existentes hace
imposible una clasificación única de
los mismos. Son muchas las características
que los definen, como el grado de añejamiento,
o curado, la procedencia de la leche usada,
su textura o su contenido en grasa. A continuación
se describen varios tipos, o características,
de ellos.
Denominaciones de origen
Categoría principal: Quesos con denominación
de origen
Queso con Denominación de Origen
Protegida (D.O.P.) de La Mancha.
La gran mayoría de quesos se identifican
con la zona geográfica de la que
proceden. En ciertos países esto
se puede regular a través de las
denominaciones de origen, con las que se
intentan proteger las variedades que desde
tiempos antiguos se producen en una zona
determinada, contra productores de otras
zonas que quisieran aprovechar el buen
nombre que han creado los originales.
En España hay 23 quesos protegidos,
entre los que destaca el queso manchego,
una de las grandes señas de identidad
de la región de La Mancha, junto
al Quijote de Miguel de Cervantes. Existe
una gran variedad de marcas que comercializan
quesos industriales que lo imitan, pero
no pueden indicar que se trata de queso
manchego, aunque estén fabricados
en La Mancha.
Esta indicación geográfica
está regulada para los países
miembro de la Unión Europea, aunque
con particularidades para cada uno de ellos.
Funciona de forma muy parecida en Francia,
donde se denomina Appellation d'Origine
Contrôlée, cuyos orígenes
se remontan al siglo XV, en el primer intento
de proteger el queso roquefort. Este queso
fue el primero en obtener la acreditación
de la ley moderna francesa, que ya cubre
a más de 40 quesos diferentes. También
en Italia la Denominazione di Origine Controllata
protege a quesos como el parmesano (bajo
la marca Parmigiano-Reggiano), en Grecia
al queso feta, o en el Reino Unido al stilton
y cheddar.[14] Tipos de leche usada
Queso gouda, elaborado con leche de vaca.
La leche más utilizada en la fabricación
de quesos es la leche entera de vaca, debido
principalmente a que es la leche con mayores
números de producción. Los
quesos obtenidos a partir de leche vacuna
proceden de zonas fértiles, aptas
para la ganadería bovina, como las
llanuras del norte de Europa, los Alpes,
los Pirineos o la Cordillera Cantábrica.
Hoy en día la producción
de estos quesos se ha extendido por todo
el mundo, con el uso de leche procedente
de granjas lecheras.
Claros ejemplos de quesos de vaca son el
gouda neerlandés, el emmental suizo,
o el queso de tetilla de Galicia, todos
ellos con texturas, sabor y color parecido.
En general, la leche de vaca da al queso
un sabor más suave que la de otros
tipos de queso, aunque ello depende de otros
muchos factores, por lo que es fácil
encontrar quesos de vaca de sabor muy fuerte,
como el Harzer Käse alemán,
o el gorgonzola italiano.
La leche de vaca entera es muy rica en
grasa, por lo que es común utilizar leche
desnatada, o semidesnatada, con el fin de
reducir el contenido en grasa. Sin embargo,
la grasa es uno de los elementos que más
influye en el sabor del queso, y por norma
general, usar leche desnatada es sinónimo
de pérdida de sabor.
En las zonas mediterráneas, donde
no abundan las vacas, es más común
usar leche de oveja o de cabra, lo cual
da un punto de acidez al queso. El queso
castellano, el manchego, el roquefort, o
el feta están hechos de leche de
oveja. Un ejemplo de queso de cabra con
denominación de origen es el queso
majorero, elaborado en la isla canaria de
Fuerteventura. También es posible
mezclar distintas clases de leche, como
en el caso del queso de Cabrales (Principado
de Asturias, España), en el que
se utiliza una mezcla de leche de vaca,
oveja y cabra.
Quesos frescos
Mozzarella fresca.
Los quesos frescos son aquellos en los
que la elaboración consiste únicamente
en cuajar y deshidratar la leche. A estos
quesos no se les aplican técnicas
de conservación adicionales, por
lo que aguantan mucho menos tiempo sin caducar.
Su mantenimiento se podría comparar
al de los yogures, pues es necesario conservarlos
en lugares refrigerados. El hecho de procesar
la leche en menor medida hace que tengan
sabores suaves y texturas poco consistentes.
Con estas características, son utilizados
como ingredientes para ensaladas, como el
queso de Burgos, uno de los más consumidos
en España. En Italia el queso por
excelencia en las ensaladas es la mozzarella,
que se elabora introduciendo la cuajada
de la leche en agua caliente, de tal forma
que se van creando masas en forma de bolas
por efecto de la temperatura. En ciertas
zonas del sur italiano se consume la mozzarella
a las pocas horas de su elaboración.
La mozzarella también es el más
utilizado como ingrediente de las pizzas,
sin embargo, para ello se utiliza una variedad
más deshidratada, que no corresponde
a un queso fresco.
También se utilizan quesos frescos
en postres, o como ingredientes de salsas.
El mascarpone italiano y el queso quark
alemán son ejemplos de ello, con
texturas muy cremosas.
Quesos curados
Queso parmesano seco.
El curado de los quesos consiste en el
añejamiento
de los mismos, en un proceso en el que se
secan y adicionalmente se aplican técnicas
de conservación, como el salado o
el ahumado. El tiempo necesario para considerar
a un queso como curado puede variar de uno
a otro, pero en general se requiere un mínimo
de año y medio o dos años.
El proceso de curado hace que obtenga una
textura bastante más dura y seca,
así como que se incremente la intensidad
de su sabor, propiedad muy deseada entre
los amantes del queso. Sin embargo, muchas
personas no toleran los sabores fuertes,
por lo que es fácil encontrar distintas
variantes de curado para un mismo queso,
catalogándolos normalmente como
tiernos, semicurados y curados.
Ejemplos de quesos curados pueden ser el
queso manchego o el gouda. Sin embargo,
el gouda se suele exportar con un curado
aproximado de medio año, mientras
que en la Holanda Meridional se puede encontrar
más añejo, pudiendo llegar
a los dos años.
El grana-padanno y el parmesano también
se curan, pudiendo sobrepasar tiempos de
tres años. Tienen una textura extremadamente
dura, lo que facilita su consumo de forma
rallada, como condimento o relleno de pastas
italianas.
Recientemente se ha empezado a comercializar
en España una variedad de queso
en conserva,
Quesos cremosos
 
Queso camembert. Rosquilla
con queso crema.
El queso tiene un estado natural sólido,
sin embargo es posible obtener una textura
más cremosa aumentando significativamente
la cantidad de nata, y por lo tanto de grasa.
Estos tipos de queso se consumen normalmente
acompañados de pan, siendo común
el uso de los mismos en tostadas.
Ciertos quesos franceses tienen una gran
tradición por su textura cremosa.
El queso camembert, de características
similares al brie, es uno de los más
famosos, característico por su corteza
blanca florida, consumida junto al queso
y que le da un toque de amargor. La denominación
de origen de este queso lo obliga a comercializarse
siempre de forma redonda, e incluido en
una caja de madera.
Un tipo de queso de producción más
moderna es el queso crema, comúnmente
llamada queso philadelphia. Se trata de
una crema blanca, distribuida en tarrinas
similares a las de margarina o mantequilla.
Se consume ampliamente en desayunos y postres,
y una variedad de Estados Unidos es el
ingrediente principal de algunas tartas
de queso.
En la elaboración de postres se suelen
usar cremas de queso, combinadas con sabores
dulces. Un ejemplo de ello es la crema de
queso mascarpone, muy usada en la elaboración
de tiramisús. El queso quark también
se usa en multitud de recetas de postre
en la cocina alemana o austriaca.
También es posible encontrar quesos
de textura semicremosa, pues no se puede
considerar sólida ni crema, como
la torta del Casar de Extremadura, en España.
Este queso, aunque se puede consumir crudo,
es típico por ser cocinado unos minutos
al horno, de forma que quede total o parcialmente
líquido. Al igual que el camembert,
tiene una corteza florecida, consumida
junto al queso por quienes gustan de sabores
fuertes o amargos.
Quesos verdes o azules
Artículo principal: Queso azul
Queso roquefort.
Estos quesos se distinguen por la presencia
de mohos, los cuales les dan sus colores
verdes o azulados. Quizá sea la variedad
que más rechazo pueda causar a simple
vista, debido al color y al fuerte olor,
que puede recordar al de la descomposición.
Sin embargo, su intenso sabor es uno de
los más apreciados por los gourmets
del queso.
Para conseguir la proliferación de
los mohos hay que almacenar los quesos en
lugares con humedades muy elevadas, normalmente
del orden del 90%. Excelentes lugares para
ello han sido tradicionalmente las cuevas.
Los mohos que proliferan en los quesos normalmente
son del género Penicillium, en el
que varias de sus especies reciben el nombre
del queso en el que se encuentran, como
el Penicillium camemberti (en la corteza
del camembert), o el Penicillium roqueforti,
del queso roquefort. Una creencia popular
totalmente falsa es que estos quesos contienen
gusanos o larvas; el queso que los contiene
es el queso de gusanos de Cerdeña.
Uno de los frecuentemente llamados "rey
de los quesos" es el roquefort, producido
en las cuevas francesas de Roquefort-sur-Soulzon,
según marca su denominación
de origen protegida. Otros quesos famosos
por sus mohos son el queso de Cabrales
asturiano, el queso stilton procedente
de Inglaterra, o el queso gorgonzola italiano,
que puede encontrarse en una variedad dulce
(aunque
Propiedades nutricionales
Ilustración sobre el queso en Tacuinum
Sanitatis, libro árabe del siglo
XI que describe los beneficios de hierbas
y alimentos.
Los datos nutricionales del queso pueden
variar en función de su contenido
en grasa, pero en general se puede decir
que es una rica fuente de calcio, proteínas,
y fósforo. 100 gramos de queso manchego
contienen 21 gramos de proteínas
y entre 600 y 900 miligramos de calcio.
Al tratarse básicamente de leche
concentrada, hacen falta 600 gramos de leche
para igualar esta cantidad de proteínas,
y 550 gramos para la de calcio.[16] [17]
El queso también comparte con la
leche sus problemas nutricionales, derivados
del alto contenido en grasas saturadas,
consistentes en triglicéridos y ácido
graso saturado. Este tipo de grasas influyen
muy negativamente en enfermedades cardiovasculares.
El Centro de la Ciencia de Interés
Público sitúa al queso como
la primera fuente de grasa saturada en los
Estados Unidos, en los que cada habitante
consume de media uno 13,6 kg al año.
Sin embargo esta cantidad es bastante más
pequeña que la de países europeos
como Grecia (27 kg) o Francia (24 kg), en
los que se tiene un índice relativamente
bajo de enfermedades del corazón.
Este hecho se conoce como la paradoja francesa,
y se apunta a que se pueda justificar por
el alto consumo de productos de la dieta
mediterránea, como el vino tinto
o el aceite de oliva.[18]
Muchas agencias de todo el mundo advierten
de los riesgos del consumo de quesos hechos
con leche fresca (no pasteurizada). La
Administración
de Drogas y Alimentos estadounidense sostiene
que los quesos de leche fresca pueden causar
enfermedades infecciosas como la listeriosis,
brucelosis, salmonelosis, y hasta incluso
tuberculosis.[19] En los Estados Unidos,
una ley de 1944 obliga a todos los quesos
de leche fresca (incluidos los importados
desde 1951) a tener un curado mínimo
de dos meses. Otros países no europeos
también han optado por restringir
legalmente el consumo de estos quesos, como
Australia, uno de los más estrictos
en ello, aunque recientemente ha abierto
excepciones con los quesos suizos gruyer,
emmental, sbrinz y también con el
queso roquefort. Sin embargo, la pasteurización
de la leche no es totalmente eficaz a la
hora de evitar estos problemas, como se
puede ver en los datos de intoxicaciones
por consumo en Europa (donde en muchos países
es legal el consumo de quesos frescos de
leche no pasteurizada), y en los que la
mayoría de casos apuntaban a quesos
pasteurizados.[20] Las precauciones con
el consumo de quesos han de ser mayores
en el caso de embarazadas, como señalan
los Centros para el Control y la Prevención
de Enfermedades de los Estados Unidos,
debido al riesgo de transmitir listeriosis
al feto.
Estudios en el campo de la odontología
afirman que el queso puede ayudar de forma
significativa en la prevención de
caries y otras enfermedades de los dientes.
Se trata de uno de los alimentos con contenido
más alto en calcio y fósforo,
así como de caseína y otras
proteínas, qué son los principales
componentes del esmalte de los dientes,
por lo que la ingesta de queso puede ayudar
a su remineralización. Aparte de
esto, algunos ácidos grasos tienen
propiedades antimicrobianas, controlando
así el nivel de placa. Muchos tipos
de queso estimulan también el flujo
salival, lo que ayuda a limpiar la cavidad
bucal de restos de alimentos, amortiguando
también el medio ácido. Después
de las comidas el pH de la saliva desciende,
pero el calcio y el fósforo del
queso ayudan a prevenirlo.[21]
Las personas que sufren intolerancia a
la lactosa normalmente evitan consumirlo,
sin embargo quesos como el cheddar sólo
contienen un 5% de la lactosa encontrada
en la leche entera, y en los quesos más
añejos es prácticamente despreciable.
Hay gente que sufre reacciones ante aminas
encontradas en el queso, especialmente la
histamina y la tiramina. En los más
curados la cantidad de estas sustancias
se hace más notable y pueden producir
reacciones alérgicas como la aparición
de sarpullidos, dolor de cabeza o aumento
de la presión sanguínea. Elaboración
Cuajado
Cuajadas de queso gouda.
El único proceso estrictamente necesario
en la elaboración del queso es el
denominado cuajado, consistente en separar
la leche usada en una cuajada sólida
del suero líquido. El queso que se
pretende obtener será básicamente
la cuajada, a la que adicionalmente se le
aplicarán otros procesos hasta dar
con las características buscadas.
Las formas más comunes de realizar
la separación de la leche es añadiéndole
algún tipo de fermento o cuajo y
la acidificación. Para acidificar
la leche se pueden emplear ácidos
como el vinagre o el limón, pero
actualmente es más frecuente el uso
de bacterias, que convierten los azúcares
de la leche en ácido láctico.
Estas bacterias, junto a las enzimas que
producen, también juegan un importante
papel en el futuro sabor del queso tras
su añejamiento. En la mayoría
de quesos se emplean bacterias como las
Lactococcus, Lactobacillus o Streptococcus.
Los quesos suizos se caracterizan por el
uso de bacterias Propionibacter shermani,
que producen burbujas de dióxido
de carbono y dotan al queso de agujeros,
como en el caso del emmental.
Algunos quesos frescos se cuajan únicamente
por acidificación, pero en la mayoría
se usan también cuajos. El cuajo
hace que tome un estado más consistente,
en comparación con las frágiles
texturas de las cuajadas coaguladas simplemente
por ácidos. También permiten
tener un nivel más bajo de acidez.
Generalmente los quesos frescos y menos
añejos se obtienen a partir de cuajadas
con un mayor porcentaje de acidificación,
frente al uso de cuajo, más significativo
en quesos más duros, secos y curados.
Procesamiento de la cuajada
Mezclado y batido de la cuajada de queso
emmental, previamente a su troceado.
En este punto, el queso ha adquirido una
textura espesa y húmeda. Algunos
quesos blandos estarían prácticamente
listos, a falta de ser deshidratados, salados
y empaquetados. En el resto de quesos, la
cuajada se corta en pequeñas secciones,
para facilitar la extracción del
agua de las piezas individuales de cuajada.
En el caso de los quesos duros, se calientan
a temperaturas entre un intervalo de 33ºC
a 55 °C. De esta manera se deshidrata
más rápidamente y también
se consiguen sutiles cambios en el sabor
final del queso, afectando a las bacterias
existentes y a la estructura química
de la leche. En los quesos que se calientan
a temperaturas superiores se emplean bacterias
termófilas, capaces de sobrevivir
a ellas, como las Lactobacillus o Streptococcus.
La sal juega distintos papeles en la elaboración
del queso, aparte de aportar un sabor salado.
Puede emplearse para mejorar la conserva,
y para afirmar la textura con su interacción
con las proteínas. En algunos quesos
la sal se aplica únicamente al exterior
del queso, pero en otros casos se mezcla
directamente con la cuajada.
Dependiendo del tipo de queso se aplican
un gran número de técnicas
específicas, que dan las características
finales al sabor y a la textura. Se pueden
citar como ejemplos el estirado y sumergimiento
en agua caliente, hasta llegar a la textura
fibrosa de la mozzarella; o el constante
batido de la cuajada, limpiándola
con agua para bajar el nivel de acidez
muy lentamente, aplicado en quesos como
el emmental o gouda.
Muchos quesos no adquieren su forma final
hasta que son prensados en un molde. Cuanto
más duro es el queso, mayor presión
se le ha aplicado. La presión elimina
humedad —los moldes permiten la fuga
del agua— y hace que la cuajada se
afirme en cuerpo sólido.
Añejamiento
Los quesos frescos ya estarían listos
para consumir llegados a este punto, sin
embargo, a la mayoría de quesos les
queda todavía un largo periodo de
añejamiento y curado hasta estar
completamente listos. Durante el añejamiento
dentro de los moldes, nuevos microbios se
introducen en el queso, intensificando su
sabor. Lentamente la caseína y la
grasa se convierten en una compleja red
interna de aminoácidos, aminas y ácido
graso.
Durante el proceso del curado también
se le pueden aplicar otras técnicas
de conservación y modificación
del sabor, como el incremento de la sal
introduciéndolo en agua salada, el
ahumado, o incluso el sazonado con especias
o vino. Un caso radical ocurre con el queso
casu marzu de Cerdeña, cuyo proceso
de añejamiento se realiza con larvas
de la mosca del queso. Cabe anotar que
este queso se puede consumir con las larvas
adentro, y que actualmente su venta se
encuentra prohibida por las autoridades
sanitarias italianas, por lo que se consume
clandestinamente.[22]
Cocinado
Queso halloumi cocinado.
Los quesos se comen normalmente crudos,
aunque también pueden ser cocinados.
Se consumen solos o con otros ingredientes.
La grasa del queso tiene en temperaturas
de frigorífico una textura dura,
parecida a la de la mantequilla fría.
Si el queso se encuentra a temperaturas
cálidas, entre los 26 y 32 °C,
la grasa se derrite y se suele decir que
el queso "suda". En el momento
del consumo es preferible que se encuentre
a temperatura ambiente, aunque esto depende
del tipo de queso de que se trate.
A temperaturas superiores a 55 °C la
gran mayoría de quesos comienzan
a fundirse, aunque los más duros,
como el parmesano, necesitan unos 82 °C.
Algunos son típicos por consumirse
fundidos, como las fondue suizas. Se puede
lograr que muchos otros hagan lo mismo en
presencia de ácidos o almidón.
Otros quesos se vuelven elásticos
o viscosos cuando se funden, una cualidad
que puede disfrutarse en platos como la
pizza y el welsh rabbit. Algunos quesos
se funden de modo dispar, separándose
sus grasas a medida que se calientan, mientras
que los pocos quesos cuajados con ácido,
incluyendo el halloumi, paneer y ricotta,
no se funden e incluso pueden endurecerse
cuando son cocinados, a medida que se evapora
el agua que contienen.
El queso como ingrediente es ampliamente
utilizado, especialmente en la cocina italiana.
Es un ingrediente fundamental de las pizzas,
así como de lasañas y canelones.
También es muy común que acompañe
a los platos de pasta, ya sea como condimento,
como relleno, o como ingrediente de salsas.
También es frecuente encontrarlo
en platos de la cocina mexicana, como las
quesadillas, los burritos y tacos. El queso
procesado es uno de los condimentos más
frecuentes en productos de comida rápida,
como las hamburguesas y los perritos calientes.
También puede encontrarse en la repostería.
El ejemplo más claro es el pastel
de queso, pero también la crema
de queso mascarpone, usada para hacer multitud
de postres italianos, como el tiramisú. |