MADRID.- Han sido necesarios ciento diecinueve jamones, ocho
investigadores y el buen apetito de un grupo de habitantes de
un pueblo de Badajoz para dar la razón al paladar. El
jamón ibérico de bellota es bueno para la salud.
El lugar elegido para demostrarlo fue la localidad pacense de Valdebotoa.
Allí, diecinueve mujeres con una media de 66 años aceptaron
participar en un estudio de la Universidad de Extremadura, el Servicio
de Medicina Interna del Hospital provincial de Badajoz y la Consejería
de Agricultura de la Junta extremeña.
Durante las primeras seis semanas se les aplicó una dieta
a razón de 120 gramos de jamón diarios, analizando la
cantidad de ácidos grasos monoinstaurados (propiedad del jamón)
y sus efectos. Durante otras seis semanas, la dieta se centró en
el aceite de oliva, que también tiene esos ácidos. Los
resultados confirmaron que tanto el aceite de oliva (del que ya se
conocían sus beneficios), como el jamón, conseguían
reducir el colesterol.
«No varió el peso de las personas estudiadas y su tensión
arterial se mantuvo. Además, bajaron sus niveles de colesterol
LDL (nocivo)», explicaba ayer José Enrique Campillo, del
Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la
Universidad de Extremadura.
El informe final, presentado ayer en la X Edición del Salón
Internacional del Club de Gourmets, descarta que el consumo de jamón
ibérico de bellota, aun tomado diariamente y en grandes cantidades,
sea «en absoluto perjudicial para la salud».
Y es que los productos derivados del cerdo han estado siempre mal
vistos por su alto contenido en grasas animales. Según el doctor
Abelino Ortiz Cansado, del Departamento de Medicina Interna del Hospital
Provincial de Badajoz, «todo depende de como se alimente a ese
animal y bajo qué circunstancias. La composición del
cerdo ibérico es distinta a la de otros animales. Cuando éstos
han sido nutridos mediante bellota y han podido hacer ejercicio libremente,
el jamón resultante es saludable».
Porque en cuestión de cerdos hay diferencias. El estudio indica
que mientras el ibérico de bellota tiene un 27% de grasas saturadas
(que producen un aumento del colesterol total) y un 62% de monoinsaturadas
(que disminuyen el colesterol LDL), el cerdo blanco tiene un 40% de
saturadas y un 47% de monoinsaturadas.
Para llevar a cabo la investigación se emplearon más
de cuatro millones de pesetas en jamones ibéricos con denominación
de origen «Dehesa de Extremadura», gracias a una subvención
de la Junta extremeña. El equipo investigador llevaba cerca
de cinco años en el proyecto.
Antonio José García Rebollo, médico del Hospital
provincial de Badajoz y cuya tesis doctoral es parte del estudio, afirmaba
ayer estar «convencido» de las propiedades del jamón
ibérico. «De todas formas, serán necesarios más
estudios sobre el tema para que confirmen nuestro trabajo», añadió.
Hasta ese momento, los doctores García Rebollo, Ortiz, Campillo,
Macia Botejara, Morales Blanco, Martín Bellido, Fallola y Mena
Arias, tendrán el honor de haber sido los primeros en el mundo
en realizar tan peculiar investigación.
La mejor parte del festín
Lo mejor del jamón está en su grasa. La parte blanca
que muchos rechazan por gusto y otros por la falsa creencia de que
es perjudial, es especialmente sana.
Así lo confirman los doctores Ortiz Cansado y García
Rebollo, miembros del equipo que desveló ayer que el jamón
ibérico de bellota es bueno para la salud: «Las mejores
propiedades de este alimento están en ese dedillo de grasa».
La parte rojiza está formada por proteínas.
Ayer también se explicó cómo reconocer un auténtico
jamón de bellota. Los distribuidores de este alimento son conscientes
de que muchos comerciantes dan gato por liebre. Para el director técnico
de la denominación de origen «Dehesa de Extremadura»,
Benito Núñez Martín, «hay que olvidarse
de calificativos como el de "pata negra" que no indican realmente la
calidad». Método más fiable es, por ejemplo, comprobar
que el jamón está blando.